Educación Social y otras cosas mucho menos importantes...

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El truco del manco


Vivir en un barrio marginal se complica mucho más si se es discapacitado y si tu único apoyo es alguien tremendamente frágil y resignado. En este panorama, comienza la película a mostrarnos la cercana relación de amistad entre Quique y Adolfo, dos chicos que tratan de sobrevivir en un barrio complicado de una gran ciudad. La relación entre los dos personajes principales marca unos parámetros que se suelen dar muchas veces. Son de esas relaciones simbióticas en las que uno  aporta al otro lo que le falta y viceversa. Por un lado Adolfo, es la protección de Quique; por otro Quique es el carácter de y la decisión de Adolfo. No es difícil imaginar por el perfil de los personajes como se llega a esa situación.

Para concretar en que posición se encuentran, es necesario definir respecto a que... Podemos considerar sus posiciones en relación a un entorno que se nos muestra  totalmente cerrado y hermético ya que son en estas circunstancias donde se desarrolla toda la acción. A lo largo de la película podemos observar como no se ve ningún plano fuera del entorno de la barriada. Toda la acción se desarrolla en el barrio, los únicos elementos que de contacto con el mundo real son las dos o tres escenas del centro comercial y la presencia policial del final, por lo demás… la sensación es de estar en un mundo anexo, una isla de leprosos. En esta isla, tener la lepra no es un problema, todos la comparten, es lo aceptado. Y es por este escenario por donde deambulan con naturalidad distintos colectivos: gitanos de baja condición socioeconómica, inmigrantes con y sin papeles, negros, alcohólicos, delincuentes juveniles, traficantes, drogadictos, todos con el denominador común de la pobreza… todas esas cosas que nuestra ‘perfecta’ sociedad es capaz de mantener en un cajón desastre llegando al tácito acuerdo de que ni ellos se salen, ni nosotros entramos; y allá que se pudran sin educación, sin colegios, sin trabajo y sin medios albergando la verde y pueril esperanza de que nunca nos den problemas… confiando en que llegado el caso… tenemos policía. Imagino que esta esa la intención del director ya que la película nos transmite la visión del que vive dentro de estos barrios, que no alcanza a ver nunca el exterior, por eso no se ven planos de la gran ciudad. Esto es una exclusión social colectiva, un contenedor donde dejar lo que sobra.

Este mundo paralelo, aprendiendo de su experiencia, hace lo mismo y repite la conducta, excluyendo a los más débiles, como es el caso de Quique que es discapacitado y Adolfo que presenta una personalidad débil, depresiva, frágil y quebradiza. No es por el hecho de ser negro, es por ser dependiente de los fuertes, de la droga, del dinero… sin embargo, también repite la conducta recibida respecto a los problemas de alcohol del padre, reprimiendo las debilidades ajenas como reprimen las suyas. Ambos se hallan en exclusión no solo en relación a la sociedad normalizada, sino además en relación a este micro mundo, o lo que es lo mismo y recuperando la conciencia de la perspectiva en primera persona del director… ambos tienen la percepción de ser lo peor de lo peor.

Y Quique, se siente lo peor de lo peor respecto a su familia que lo desplaza por su condición de discapacitado, tratándolo como una desgracia, desechándolo en conjunto independientemente de sus capacidades y en constante comparación con el hermano que debido al “efecto halo” recoge cualidades que no tiene, solo por carecer de discapacidades. Y se siente lo peor de lo peor cuando nadie apuesta por él ni le da una oportunidad, porque no ven más allá de su discapacidad… ni los músicos, ni el del bar, ni los inmigrantes que dudan constantemente de él, ni el genial Diego Carrasco en el papel de vendedor ambulante cuando le regala el bastón; es un discapacitado y su papel en el micro mundo es solo vender cupones, cosa que le repiten varias veces a lo largo de la historia. Quique se rebela contra esto y cualquier salida le vale.

Por otro lado, Adolfo también se siente lo peor de lo peor, porque es incapaz de afrontar los problemas, porque se siente el más débil de la manada, porque no soporta lo que le ha tocado y no sabe como cambiarlo, porque el único paraíso que encuentra son los paraísos artificiales de las drogas. En este caso, Adolfo tiene creencia y conciencia de ser lo peor de lo peor… drogadicto, sin madre, padre alcohólico, negro, y su autentica discapacidad reside en su fragilidad. Es en este marco donde encaja el binomio Quique – Adolfo.

Y en esta vorágine… no hay salida, porque no hay recursos, no hay donde acudir, porque en este micro mundo solo son carne de cañón, y se resisten porque juntos creen que pueden intentarlo y lo intentan… pero en un entorno donde no hay opciones, no hay asistencia, no hay protección, no hay alternativas, se construye desde lo que hay y lo que hay no sostiene lo que se construye. La presión social del entorno obliga a adoptar el papel que toca por las buenas o por las malas… tu a lo que se te mande y tu a los cupones, incluso el medio refuerza esa idea cuando Quique no tiene posibilidades de bajar una escalera por sus propios medios salvo arrastrandose. Ellos luchan contra su fin escrito albergando sus sueños y esperanzas en la música.

Inicialmente los protagonistas tienen el deseo de cambiar, de no aceptar lo impuesto, lo más difícil ya está hecho aún diferenciando que uno es por iniciativa propia y el otro por inercia. Eso es lo más destacado, recordemos la mejor idea de la pelicula  reflejada en el dialogo de Quique "... a mi no me digas que no se puede...". 

La intervención del educador, junto al trabajador social debe facilitar el acceso a los recursos, y en su defecto crearlos; aportando alternativas distintas, trabajando con ellos el contexto… que sea habitual que haya asociaciones, que sea habitual que los niños vayan al colegio, que sean capaz de tomar conciencia de sus problemas y trabajar las soluciones, acercando esas alternativas a ellos y a ellos a esas posibilidades, creando nuevos roles en la trama; en definitiva, construyendo puentes que ellos ya están dispuestos a cruzar, pero no solo hay que hacer el puente entre estos dos mundos, sino que la labor del educador va más allá y consiste en preparar los dos lados del puente. Para nada sirve sacar a la gente de barrios marginales para que formen parte de otro que mundo que siga fomentando la exclusión, y me pregunto si quizás pasemos demasiado tiempo trabajando con los marginados poco con los que marginan… y unos no existirían sin los otros.


Saludos

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