Educación Social y otras cosas mucho menos importantes...

martes, 1 de diciembre de 2009

Artículo «Pegué a mi padre, no aguantaba órdenes»


Una vez más, al leer este articulo, estamos ante otro de los problemas habituales de la llamanda "sociedad moderna", en este caso de esos pequeños convertidos en auténticos tiranos, que los psicologos llaman “síndrome del emperador”, como si solo de una enfermedad se tratara. Bajo mi punto de vista podríamos hablar de síndrome si vemos el problema solo desde la perspectiva del individuo, del tirano, argumentando que ese “síndrome” es por su visón distorsionada de la realidad y falta de valores morales, digamos que ver esto así es achacar la conducta a un problema psicológico y no afrontar el hecho en su totalidad y nosotros como educadores, debemos acudir a las causas.


Aunque el articulo esta más basado en la experiencia relacionada con los aspectos posteriores que en describir la situación familiar, obviamente se dibuja esta de manera clara, ya que siempre responde a los mismos parámetros. Este hecho se propicia por la desestructuración del núcleo familiar donde los padres pierden la autoridad a favor del hijo, en muchas ocasiones por la necesidad de estos de compensar carencias afectivas; es decir, se suple con regalos, consentimientos, permisividad y falta de normas las carencias emocionales que por motivos de diversa índole (laborales, separaciones, etc.…). En muchas ocasiones esta aptitud por parte de los tutores es una forma de escurrir el bulto para no dar explicaciones y afrontar los problemas. En alguna ocasión he hecho aquí referencia a que muchos de los problemas a los que nos encontramos residen en el hecho de que no se piensan ni se aceptan las consecuencias de las acciones que se emprenden.


El problema de estas situaciones es que normalmente van siempre a más, y una pataleta, una discusión va aumentando de intensidad y es cuando una socialización primaria no adecuada desemboca normalmente, aprovechando la ebullición de la adolescencia, en violencia. De las  teorías de aprendizaje, la perspectiva social es la más adecuada, aunque no debemos de dejarnos atrás las circunstancias personales del individuo, en este caso encontrarse en plena adolescencia donde, como bien sabemos, se acentúa aptitudes egocéntricas.


Las medidas legales adoptadas, aunque traumáticas, fuerzan una intervención de carácter educador. En primer lugar, la toma de conciencia de la gravedad de sus actos, que ocurre al verse entre rejas y por otro su internamiento en un centro con normas y jerarquías establecidas, donde es posible la resoliacización, tomando este no solo los valores de los que carece sino de su propia identidad respecto a los demás, demandando el mismo la necesidad de cambio.


Una vez más, no solo es interesante la intervención con el individuo… no podemos retirar de una  familia a un elemento violento derivado de unas carencias educacionales como si fuera un paquete y devolverlo educadito y arreglado, tiene que existir un control sobre esa familia, ver si hay otros miembros en riesgo, que tomen conciencia de en que han fallado para que la labor con el chaval en el centro haya servido para algo y tenga una continuidad. El artículo basado en la traumática experiencia y en las tropelías del chaval omite esto, es más… victimiza a los familiares ¿de verdad es así? ¿solo se centra la intervención en el individuo? Si es así, solo estaremos poniendo un parche hasta que la fuga aparezca de nuevo.

Saludos

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