Educación Social y otras cosas mucho menos importantes...

miércoles, 27 de enero de 2010

Segundo caso...

En este segundo caso, al encontrarnos en una población en torno a los 20.000 habitantes, el Ayuntamiento probablemente cuenta con Servicios Sociales propios y presta el SIVO (servicio de información, valoración y orientación) a través del cual y previa demanda de una vivienda de protección oficial, se muestran indicios de otras posibles problemáticas las cuales pueden necesitar de una intervención educativa.

En este caso la demanda de la familia de ayuda económica se produce  en un contexto asistencial, pero eso no es más es la punta del iceberg, ya que eso puede tratarse, como así parece, de la sintomatología de otros problemas de fondo los cuales afloran a través de una entrevista. Como en todo proceso de demanda, se requiere por parte de los servicios sociales un estudio y valoración de la situación que realizan los profesionales del departamento, los cuales suelen ser unidades multidisciplinares donde trabajan psicólogos, trabajadores sociales y cada vez más… educadores.

Cuando se recaban los datos de referentes al problema y desde una perspectiva multidimensional; a nivel individual nos encontramos con una madre con problemas evidentes de coordinación y coherencia donde se evidencian dificultades para afrontar un embarazo no deseado ni previsto, y no solo desde el punto de vista económico sino a nivel psicológico.Es una madre joven y con escasos recursos personales y con dificultades para las relaciones personales fuera del entorno familiar. Por otro lado cuenta con una red de apoyo familiar pero insuficiente para actuar sobre los dos niños menores de dos años que tiene y del que viene, que además nace con discapacidad y requerirá de atención y cuidados especiales. A todo esto hay que añadir que se le diagnostica, una vez iniciados los tramites asistenciales de la vivienda, una esquizofrenia paranoide, lo cual coloca la situación de los menores en una posible situación de riesgo ya que se muestra distante en su relación con los hijos y no podemos asegurar una asistencia adecuada de los mismos.


A nivel familiar, el marido no cuenta con una situación laboral estable (con el consiguiente riesgo de pobreza) y aunque muestra buena predisposición para trabajar, tiene escasos recursos personales y en él se basa el sustento económico de la familia. Aunque de personalidad débil, mantiene una aparente sociabilidad con el entorno y buenas relaciones con la madre demostrando interés y afecto por los niños pero no tiene una red de apoyo funcional propia por distancia geográfica. La situación actual de los niños es buena y están atendidos, pero, como decimos, corren peligro por el desarrollo de la enfermedad de la madre, la fragilidad de la red de apoyo, recursos personales y como la inestabilidad del laboral del padre. El fuerte apego del hijo mayor hacia la madre, debe de ser observado con detenimiento, ya que más adelante puede suponer un problema. Aún así, todavía ambos niños son pequeños y las posibles complicaciones aún no se han desarrollado plenamente. Eso, da al equipo de trabajo ventaja porque va actuar en algunas dimensiones del problema de manera preventiva.


A nivel social, la madre tiene escasas o nulas relaciones con el entorno, el padre aunque es más sociable es escaso en recursos personales, el soporte social familiar es insuficiente, las condiciones de la vivienda actual son insalubres y ausencia de planificación familiar.


Así que con todo esto y a modo de resumen podemos afirmar que en este caso, un factor económico desencadena una demanda que pone de manifiesto una situación mucho más complicada de lo que parece a simple vista y que nos desvela, tras profundizar más en el asunto una potencial situación de riesgo para los menores. Una vez iniciada la demanda de asistencia y con el debido seguimiento se detectan desde el inicio dos nuevos problemas: la enfermedad mental de la madre y problemas de discapacidad en la recién nacida.


Para poder diseñar un proceso de ayuda en este complicado caso considero que primero es hacer un inventario de recursos con los que cuenta la familia actualmente… trabajo del padre (maniobrabilidad económica), medir las posibilidades de la red de ayuda, valorar las capacidades y límites de los padres, etc.; y después hacer otro inventario de necesidades actuales y futuras… una vivienda adaptada, previsiones económicas de tres niños, una planificación familiar adecuada, necesidades básicas de los menores, etc. De esta manera podremos valorar en que grado se encuentra cada dimensión del problema y así poder elaborar un plan de acción educativa eficaz que pueda aliviar esta situación. Aquí creo que es importante distinguir dos vertientes de la intervención; por un lado se va a necesitar una ayuda asistencial en lo referente a la vivienda, adaptación de esa vivienda a la discapacidad de la niña, ayudas económicas y materiales para asegurar el sustento y asistencia de los niños, etc. Que considero más propia del trabajador social; y por otro la acción educativa para reforzar factores de protección y procurar alternativas y recursos sociales a la familia. Hago esta diferencia porque tiene que haber un trabajo paralelo y coordinado entre un trabajador social y un educador social, y porque la labor de uno modificará factores de riesgo que harán cambiar los objetivos del otro. Por ejemplo, el conseguir algún tipo de ayuda económica o asistencial con el tema de la niña modificará la prioridad de fortalecer la red de apoyo social.


Ante este caso, y una vez identificados los factores de riesgo, debemos aprovechar los factores de protección que tenemos y al menos, contamos con un núcleo familiar aún estructurado, un padre implicado con los hijos, existe una red social y familiar (aunque débil, pero existe) y actualmente los niños no están desatendidos. Por todo ello, como educadores nuestra línea de trabajo se debe centrar en reorganizar, replantear los recursos existentes y a partir de ahí, optimizarlos.


Con respecto a la madre (como en caso anterior y ya que padece la misma dolencia pero al parecer en menor grado) sería conveniente que fuera consciente de la situación que padece, capacitarla para seguir su propio tratamiento, establecer rutinas del cuidado de los niños que los acerque a ellos y concienciarla e informarla de las posibilidades de una planificación familiar adecuada. En este caso es fundamental que ambos tomen conciencia de esto  porque un cuarto hijo sería un desastre. Una vez más, ocupar su tiempo libre y fomentar las redes sociales se convierte en una necesidad que debemos cubrir, en este caso lo más conveniente sería establecer contacto con asociaciones que traten específicamente el problema de la recién nacida, así nos aseguraremos ampliar la red social en función de las necesidades de los menores y será importante para un futuro seguimiento.


Con respecto al padre, aunque tiene predisposición a colaborar, debe recibir formación adecuada para ser efectivo con el manejo de los niños e incluso con la enfermedad de la madre, de esta manera estaremos estimulando sus capacidades y por tanto mejoraremos su fortaleza mental. La red de apoyo familiar, aunque escasa también puede ser optimizada para que no se sature y desaparezca, por ejemplo estableciendo turnos, rutinas, pautas hablando con ellos y valorando sus necesidades y disponibilidad, así dinamizaremos las relaciones familiares incluso con la más lejana, haciéndola participe aunque sea de manera parcial ya que las relaciones con el padre son buenas. Una vez escolarizados los pequeños, hay que evaluar y vigilar la progresión de los mismos a fin de detectar cualquier desviación futura.


Todo este de un trabajo requiere de seguimiento y evaluación constante, para prevenir y detectar posibles fisuras en la nueva estructura propuesta, así como un control medico evolutivo y periódico de la madre y de la niña, progreso de los pequeños en el colegio, tantear el estado de la red familiar, participación en asociaciones, incidencias, etc.…


En este caso me ha parecido muy importante la forma de detección del asunto, es algo parecido a lo que en la contabilidad es la auditoria, se tira de un hilito por pequeño que parezca y se detectan los grandes problemas. Los servicios sociales tienen esa labor auditora de la información que reciben y deben de estar muy atentos a los pequeños detalles, a la sintomatología y eso depende mucho de la experiencia, porque hay mucha diferencia de actuar sobre un problema o actuar para prevenirlo.


Saludos


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