Educación Social y otras cosas mucho menos importantes...

viernes, 5 de marzo de 2010

Más sobre violencias en las aulas...

Cuando tocábamos el tema de violencia entre iguales destacábamos como motores del acoso la ley del silencio y la relación de poder existente entre los agresores y agredidos. Esa relación de poder basada en percepciones desiguales permite que unos se sientan inferiores ante otros que se sienten superiores, y eso no solo se da en jóvenes inmersos en la problemática forja de su personalidad, sino en todas las etapas y facetas de la vida, donde siempre habrá alguien dispuesto a abusar de quien se lo consienta. Y así pasa en el ámbito laboral, escolar, en el de pareja y en cualquier sitio donde interactúen socialmente personas que no mantengan el respeto mutuo.

El pasado 26 de febrero, un articulo del Correo de Andalucía titulado  “La mitad de los profesores teme ser agredido”, hace referencia a un estudio realizado por la Federación de Enseñanza de UGT en el que el acoso y ley del silencio hace mella entre los docentes, pero esta vez no son acosados por iguales, sino por sus propios alumnos. El estudio de FETE-UGT, que podéis descargar aquí,  señala los factores que inciden en esta situación destacando entre ellos la falta de respaldo de las familias en la acción educativa y la débil predisposición de los docentes que llevan años dedicados a la enseñanza (síndrome del profesor quemado) que se ven incapaces de intervenir con menores con una base ínfima en la educación en valores y amparados en una ley del menor en muchos casos sobreprotectora.

La muestra analizada se centra en 1.223 profesores de secundaria, puesto que es en esa etapa escolar es donde se producen más agresiones y por consecuencia más bajas laborales entre las victimas. También se alude a la poca eficacia de medidas disciplinarias como la de echar a los alumnos conflictivos de clase. Consciente de esta problemática, la Consejería de Educación ha creado una nueva figura que se encargará de hacer un seguimiento personalizado a los alumnos más conflictivos, mediar entre estos, los padres y los profesores, orientar, etc. Ese perfil profesional será el del educador social y la idea es que exista  al menos uno en cada instituto. Por otro lado, en la edición impresa del articulo (que no la digital)  aparecía una nota en la que se cuestiona la eficacia del CAP (certificado de adaptación pedagógica) por parte de FETE-UGT, que detecta carencias curriculares que no dotan de herramientas suficientes a los docentes para tratar estas situaciones.

Evidentemente, debido al detalle del estudio realizado por FETE-UGT es necesaria una intervención en secundaria y el perfil profesional adecuado para esa labor es el del educador social, pero con toda esta información me pregunto si no estamos cayendo en el habitual aplacamiento de los síntomas sin acudir al origen. En el estudio, se habla de centros escolares, pero los profesores consultados son de secundaria y… ¿Qué pasa en primaria? ¿Existen esos problemas? ¿No sería la labor del educador social más eficiente si se iniciara en primaria y se continuara en secundaria? Y por otro lado… ¿Tendremos dentro de quince años el “síndrome del educador social quemado”? Es pronto para evaluar algo que apenas ha empezado, pero la labor educativa es más eficiente cuando es preventiva, y más si desde el principio vamos creando unas bases de respeto e integración, en vez de reparar lo que ya es un problema.

Quizás vaya bien encaminada la observación sobre la formación del docente. El CAP ha sido un mero trámite para todo aquel que pretendía afrontar unas oposiciones para ser profesor y la obtención del título no garantiza tener las capacidades necesarias. Se sigue buscando a perfiles que dominen la materia a impartir, descuidando la habilidad de transmitir ese conocimiento siendo esto último en lo que consiste el trabajo a desempeñar. Hasta hace bien poco el CAP se sacaba en seis meses de curso y había modalidades de enseñanza online para facilitar su realización. Obviamente, una vez en el tajo, estos profesores se enfrentan a una realidad muy distinta, donde el respeto no es una cartilla de puntos que se va rellenando por edad o por asumir el rol de profesor, sino que es la primera materia que deben impartir y fomentar. Esperemos que la labor del educador dentro de los centros escolares no se enfoque únicamente como un remiendo a este roto.

Desde el punto de vista de la intervención, los que optemos por ese perfil profesional, debemos estar preparados para encontrarnos con situaciones de todo tipo, donde además de las técnicas en las que nos estamos formando deberemos desarrollar como aptitudes personales el ser firmes, decisivos y resolutivos en nuestro trabajo. Para muestra un botón ,de esta terrible realidad, y aunque el video es antiguo (2006), el tema sigue de actualidad...




Saludos

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