Educación Social y otras cosas mucho menos importantes...

domingo, 23 de mayo de 2010

Los MINA

En ocasiones, cuando tratamos el tema de los inmigrantes, valoramos el fenómeno desde la perspectiva de la problemática que se encuentran y originan en el lugar de destino, pero no valoramos la dura decisión que se encierra tras el momento de la marcha.

Siempre he pensado en que un ejercicio de reflexión y empatía que todos deberíamos de hacer antes de opinar en este tema es pensar en el las circunstancias que obligan a una persona a dejarlo todo... familia, amigos, entornos, costumbres, cultura, idioma… reflexionar sobre que poderosas causas obligan a emprender un incierto viaje a lo desconocido, a miles de kilómetros de casa rompiendo, sin saber hasta cuando, con todo nuestro entorno o afrontar la responsabilidad, en el caso de viajar acompañados, de exponer a tus seres queridos a los semejante aventura. 

Pues si es dura la decisión para un adulto imaginaros para un niño o adolescente, y peor aún, imaginad asumir esta situación cuando un menor quede solo en mitad del camino por la desaparición de sus padres o tutores. La situación da escalofríos solo de pensarlo porque la vulnerabilidad de estos pequeños es atroz, bien hayan iniciado el viaje por decisión propia o se hayan quedado solos durante el trayecto y esta situación fue perfectamente representada con el acertado fragmento de la película de animación “En Busca del Valle Encantado”
Así pues buscamos la descripción del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, los menores no acompañados son: “Un niño no acompañado es una persona menor de dieciocho años, a menos que en virtud del derecho aplicable al niño, éste alcance la mayoría de edad antes, que “está separado de su padre y de su madre y del que no se ocupa ningún adulto que, en virtud de la ley o de la costumbre, debe desempeñar esa función.” (ACNUR: 1997); y como vemos, no se menciona la condición de inmigrante, ni su origen, ni nada que se le parezca, y ya empieza rondarnos por la cabeza el fantasma de si no seremos nosotros mismos lo que incluimos adjetivos que excluyen a la hora de trabajar.

Según la asociación “Save the children” la principal razón por la que se emprende este viaje es por la necesidad o falta de protección y publican en su Web datos actualizados de este fenómeno.

En 2009, un total de 10.960 menores no acompañados solicitaron asilo en los 22 Estados miembros de la Unión Europea (todos excepto Rumanía, Polonia, República Checa, Dinamarca y Francia). Ello supone un incremento del 13% respecto del año anterior aunque hay que tener en cuenta que esta cifra sólo incluye a los solicitantes de asilo, dejando fuera los miles y miles de niños y niñas que se encuentran en situación totalmente irregular”. Puedes ver el documento entero aquí.

Como vemos, es una cifra alarmante aún hoy en día y no solo por las oficiales sino por el desconocimiento de las “no oficiales” que plantea una aterradora inquietud sobre el destino de esos niños en mafias, trata de blancas, etc. Por lo que pienso que la principal consideración que se le debe de otorgar es la de menor y entender que el hecho de ser inmigrante no es una condición, sino un factor de riesgo añadido. Una vez más me detengo en el planteamiento inicial considerando la importancia de delimitar el concepto para poder hablar de intervención y entender adecuadamente las prioridades en este tema.

En cualquier caso y una vez analizado el concepto, nos enfrentamos a la gran pregunta de cómo han llegado hasta aquí, no limitándonos a la búsqueda de la protección que apuntaba la asociación “Save the children”. Algunos son victimas de conflictos armados, de abusos, explotaciones, situaciones de severa pobreza que complican aún más su situación ya que la experiencia es siempre traumática. Pero debemos de entender que no siempre es así y esto está muy lejos de nuestra realidad cotidiana, que por circunstancias geográficas nos encontramos en las puertas de entrada de Europa y la de salida de África.

En España, la mayoría de los MINA son chicos marroquíes y la facilidad, la cercanía, la leyes de protección de menores españolas y la falsa creencia que aquí todo es fácil; hace que el perfil varíe mucho con lo que hemos visto hasta ahora y entre los mas de cinco mil menores que entraron en 2009 en España (según esta noticia de Europa Press), el 70% proceden de marruecos, de los cuales la mayoría tiene una edad entre 14 y 17 años. Tanto es así, que en ocasiones se ha considerado como una estrategia familiar, pensando que el menor tiene menos posibilidades de ser retornado que las personas legalmente adultas (mayores de 18) y que si logra establecerse en Europa puede suponer que toda una familia salga de la pobreza.

A veces la persona que tenemos delante, que legalmente es un menor, resulta que por la experiencia vivida y madurez obligada en país de origen,  que ya es todo un adulto. Esta situación es la que complica las cosas porque resulta que una vez más la desprotección del menor en el país de origen coloca que los chicos sean utilizados como arma arrojadiza. Es el mismo desprecio y desconsideración hacia el menor que explicaba Jaume Sanllorente en su libro “Sonrisas de Bombay” cuando contaba que en la India es habitual que los menores sean mutilados para que se dediquen a la mendicidad. Es duro, pero no podemos ser tan ingenuos de pensar que porque para nosotros sea una aberración, la necesidad no deshumaniza al hombre.

Otra vez (como cuando tratábamos el tema de los menores y edad penal) me encuentro con la contrariedad de que la ley para regular de acuerdo con la realidad, necesita acotar una edad para delimitar responsabilidades, eso que se llama responsabilidad legal, y que nos lleva a dar el mismo trato legal a todos los menores de dieciocho. Una vez más creo habría que afinar con más detalle, atendiendo a la evolución psicológica general y las capacidades propias de cada edad.

Reflexionemos en este punto de cual es la finalidad con el que viene el chico y cual es el tratamiento que le damos. Lo que hacemos, es que al ser un menor, lo mandamos a un centro de acogida porque la mayoría de las veces no podemos repatriarlos. Su ímpetu por cumplir sus objetivos los lleva en muchas ocasiones a abandonar el centro y por su condición de menores no encontrarán trabajo, por lo que el único medio que les queda para subsistir es la delincuencia, mendicidad y ambientes marginales, por lo tanto agravamos aún más el problema de la exclusión social.

Entre los muchos factores de riesgo que encierra la condición de menor e inmigrante que confluyen en esta circuntancia destacaremos;
  • Las circunstancias personales y sociofamiliares son muy penosas en el país de origen
  • Soportan un gran choque cultural.
  • Grandes carencias educativas y que imposibiltan la insercionlaboral adecuada
  • Traen grandes expectativas de futuro muy lejos de la realidad
  • Experiencia traumatica del viaje
  • Problemas de adicciones, de estres, de convivencia
  • Desconocimiento del idioma
  • Situación de desarraigo, soledad ,etc.
  • Tendencia a continuar viajando buscando sus objetivos, lo que dificulta su adaptación
  • Muchos ya ha delinquido para subsistir.
  • La familia no es un elemento activo en la planificación de la vuelta a casa del menor
Para afrontar este tema es necesario utilizar recursos, formación y medios, para que estos chicos tengan una oportunidad aunque sea de volver si es lo que quieren, pero lo que no podemos es permanecer impasibles, aunque sea desde la perspectiva egoísta, ya que la desatención de estos chicos es alimentar problemas futuros sobre todos nosotros.

Algunas iniciativas interesantes con respecto a estos chicos son la Fundación Persan o Sevilla Acoge, que realiza formación profesional especifica para ellos.

Saludos.

Bibliografía

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