Educación Social y otras cosas mucho menos importantes...

martes, 1 de junio de 2010

El estigma de María Magdalena...

Teniendo en cuenta que para este tema, no solo he colaborado con el grupo que lo ha expuesto, sino que también ha sido la temática que he elegido para el trabajo voluntario que opta a la máxima calificación en lo que en alguna ocasión he denominado “El concurso oficial de notas de la Upo”; me voy a tomar la licencia de obviar la típica entrada que se defina entre factores de riesgo, protección e intervención educativa (porque eso ya lo he hecho en mi trabajo) y la centraré en otras cuestiones que iré concretando conforme avance en la redacción de esta entrada, empezando por la experiencia de colaborar con mis compañeras.

Cuando uno cuenta después de muchos años una historia real, solemos idealizarla recordando solo lo bueno, contando desde la perspectiva del resultado (que a veces solo consiste en estar sano y salvo), manipulando de manera inconsciente la realidad en función del hilo narrativo que elija y del auditorio al que va dirigido. En este caso, no solo lo recuerdo todo con la cristalina nitidez de la evocación de hace unas horas, sino que además, se agudiza el sentido crítico en función de los conocimientos y el enfoque del análisis que adquirimos a lo largo de la carrera, y si hablamos de esta asignatura, todavía más.

Si ya en su momento y debido al conocimiento en primera persona, la sensibilidad y comprensión hacia este colectivo era importante, la reflexión sobre el recuerdo y el análisis que puedo hacer ahora como futuro educador la hace aún mayor ,impregnado  inveitablemente la narración a mis compañeras. Intentando combinar las dos cosas, y además completando en lo personal un profundo ejercicio de recapitulación que comenzaba con mi particular trabajo, pasaron casi tres horas de amena charla, donde primó el andamiaje mutuo y trabajo grupal, marchándome con la grata sensación de que se trató el tema desde una perspectiva mucho más profesional como educadores, de la que aún nos corresponde como estudiantes. Fue un constructivo placer compartirlo ya que las cuestiones que se plantearon, y el enfoque que se le dio, distaba mucho del morbo y sensacionalismo con el que habitualmente se trata este tema, lo cual me sirvió a mí y seguro a ellas.

Con respecto a su exposición he de decir que me gustó y no solo por original y atrevida, sino porque a través de la escenificación de tres breves historias se tocaron dos grandes pilares de este problema desde el punto de vista de la desadaptación: el estigma y la libertad de elección. 

El estigma social que sufren estas mujeres es brutal. Eso es lo que las aísla del resto de la sociedad y que las lleva a ocultarse, esconderse, a mentir, a deber favores, etc. Como se anunció al principio de la exposición, se nos iba a mostrar “el mundo al revés”, y de esa manera se nos dramatizaron dos situaciones de un mundo bocabajo en el que se ponía de en evidencia como el condicionante de ser prostituta rompía la habitual escena. Sinceramente, y quizás desde una visión iniciada, me pareció muy acertado e inteligente.

La importancia del estigma es clave en este asunto. Es el hecho por el que se produce la desadaptación social. No olvidemos que la prostitución, entendiendola solo como elegida, se trata tan solo de un problema moral con la visión que se tiene de la práctica sexual. No consideramos prostitución cuando alquilamos el cuerpo de un fornido mastodonte para hacer una mudanza, o cuando lo ponemos en la puerta de una discoteca, o una madre de alquiler… y no prostituimos nuestro cuerpo cuando lo entregamos en un trabajo que exige nuestra presencia durante un determinado tiempo… No, porque la prostitución implica un acto íntimo… ¿pero que es íntimo?... ¿serán también las propias reflexiones?, ¿las vivencias individuales que compartimos solo con nuestros elegidos? ¿Mi tiempo? ¿Solo el sexo es íntimo?... O la prostitución es un estigma porque cambia sexo por dinero… y por estabilidad económica, emocional, social... ¿eso no? Recuerdo las palabras de un gran amigo que siempre habla de los “funcionarios y funcionarias del amor”, personas que lejos de sentir eso que llaman amor se pegan como rémoras a la condición económica, al prestigio social, etc. del contrario, cumpliendo con su parte del trato… A veces, tan solo hay que mirar alrededor. Hay mucha moralidad barata en este asunto cuyo afrontamiento pondría colorado/a a más de uno/a y sin embargo, es esa la moralidad la que ferozmente rechaza, desprecia y estigmatiza a las prostitutas.

De todo lo que he estado viendo para mi trabajo, me ha gustado y he analizado 
especialmente, entre otras cosas, un “Manual de profesionalización” de GENERA, una asociación barcelonesa que lucha desde una perspectiva educativa por la defensa de las mujeres. En este manual podréis encontrar información específica sobre el tema del estigma y su intervención educativa.

Otra de los puntos de inflexión cuando tratamos este tema, es la libertad de elección de la mujer para ejercerla. La coacción a otras personas mediante chantaje, malos tratos, vejaciones y violencia para que se prostituyan. Eso no es desadaptación social, eso, es un delito perfectamente tipificado en nuestro código penal en la Ley Orgánica 6/2000, de 4 de octubre, por la que se autoriza la ratificación por España del Estatuto de la Corte Penal Internacional, que en su articulo 1, g) dice literalmente: “g) Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad comparable

Así pues, mis compañeras, en su tercer acto pusieron sobre la tarima, una escena en la que la exigencia y la explotación de las mujeres era el eje argumental, comparable a la de cualquier trabajador que no puede ejercer sus derechos, que es explotado y que vive con la incertidumbre del día a día… trabajando a un ritmo desproporcionado, sin descanso, sin obtener el fruto de su trabajo y además, soportando el estima social de ser prostituta. Insisto, bajo mi punto de vista fue muy acertado el planteamiento de mis compañeras.

Reflexionando sobre las finalidades de nuestro trabajo, que consiste en dotar a los demás de la capacidad de decidir, de elegir, de optar, de valorar, de dar rumbo a su vida, pero no hacia donde nos dicte nuestra moral o la sociedad en la que vivimos, porque en ocasiones además de absurdo.. sería esteril, sino hacia donde ellos desde su libertad e independencia quieran o elijan, aceptando todas las consecuencias y retos que ello supone... así pues, la labor de respetar y aceptar, empieza en nosotros mismos.

Para terminar me viene al recuerdo una canción del viejo Sabina, que salía a la luz en el año en el que Magdalena, podía haber sido el nombre de cualquiera de ellas…


Saludos

4 comentarios:

ole ole¡¡¡¡me encanta que haya servido para esta estupenda reflexión¡¡¡genial deivid¡¡¡

Gracias por esta entrada.
Ejerzo la prostitución y soy autora de este blog:
http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com/
La gente se tiene que dar cuenta de las diferentes realidades de la prostitución y que las personas que la ejercemos ´solo luchamos por nuestra supervivencia y la de nuestra familia como todo el mundo con los recursos que tenemos
No comentemos ningún delito, merecemos el mismo respeto que cualquier persona.

Gracias Gema y gracias Marien por vuestros comentarios. A Gema la veo en persona; a ti marien he visto tu blog y me hubiera gustado incluirlo en un trabajo que he hecho recientemente por la visión real, educativa y divulgativa que tiene tan cercana a nuestra labor, pero de todas maneras, en este blog tendrá a un público muy sensible que no dudará en echarle un vistazo. Saludos.

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