Educación Social y otras cosas mucho menos importantes...

lunes, 10 de octubre de 2011

Redes: “El sistema educativo es anacrónico”



El episodio de Redes parte de la tajante declaración de Ken Robinson, que acusa al sistema educativo de cercenar el talento y las habilidades de los individuos por la falta de motivación. Esta afirmación parece exagerada pero como veremos, existen detrás sólidos argumentos para esgrimirla.

El sistema educativo formal es uno de los pilares de la sociedad actual, y mientras que esta evoluciona a velocidad de vértigo por los movimientos políticos, tecnológicos y económicos que amplían el conocimiento del ser humano en distintas disciplinas, las escuelas no han evolucionado al mismo ritmo ni en la misma dirección. No se trata de que el sistema no funcione, sino que no es capaz de ofrecer todas las posibilidades y sacar el máximo partido de los educandos.

En Redes se hacen esta pregunta y parten de la premisa de que el sistema educativo se concibió para las sociedades industriales y que como tal, ahora quizás sería inadecuado porque ya no estamos en era industrial, sino que el conocimiento se basa en la tecnología. Personalmente me he planteado en ocasiones esta cuestión y las diferentes causas que influyen en esta disonancia entre el sistema educativo y la sociedad, y estas, parecen más que evidentes.

Considero que más que en las primeras etapas educativas de la persona es, quizás, en la adolescencia donde esta brecha se amplía mucho más. Mientras que por un lado tenemos instalaciones de hace cincuenta años, con profesores que en algunos casos, llevan casi el mismo tiempo trabajando bajo unos mismos esquemas, el entorno, nuestra forma de vivir, ha cambiado profundamente casi sin darnos cuenta y los educandos han cambiado sus esquemas mentales en base a una tecnología que convive con ellos a diario y está presente en todos sus ámbitos.

Mientras que cualquier adulto del entorno del joven ha incorporado la tecnología, en la medida de lo posible en su vida, este, ha nacido con ella y ha modificado las estructuras mentales en los que se basa su conocimiento, así como la forma de relacionarse con el entorno, con sus progenitores, educadores y semejantes. La tecnología ha funcionado como elemento semiótico que afecta a las estructuras de pensamiento y probablemente sea la que provoque este problema en la educación.

En el documental, se habla también de la finalidad de la educación como la herramienta que genera efectivos preparados a la sociedad y cuya capacidad se está poniendo en cuestión porque ahora no se demanda a una persona con la capacidad de recordar la lista de los reyes Godos, sino que se quiere a una persona capaz de acceder a la información de forma rápida, y a la vez relacionarla con otra muy distinta ofreciendo nuevas posibilidades desde distintos ámbitos y disciplinas.

Quizás, sin darnos cuenta, hemos delegado el almacenaje de nuestra memoria en bytes de información en discos duros y usamos en nuestro cerebro para unir el puzzle y en eso es lo que tenemos que preparar a los efectivos del mañana.

Dando por hecho esto, Robinson entiende que hay que cambiar la estructura del aprendizaje. No se trata de tener una pizarra digital o de usar un ordenador en clase, quizás nos encontremos ante el reto de guiar al individuo al autoaprendizaje y aprendizaje social, a la creatividad, a ver las cosas desde una perspectiva distinta, a cuestionarse y ver de manera crítica la realidad que le rodea para mejorarla. Todo esto requiere de capacidades nuevas en los docentes que quizás ya estén inherentes en los educandos por desarrollar su vida inmersos en la tecnología.

La educación no formal, en el ámbito de la educación social, ya lleva apostando en entornos más libres y flexibles para potenciar y desarrollar la autonomía del individuo. Personalmente he de decir que en mi experiencia dentro de este ámbito, paralelo a la estructura formal docente, desarrollé junto a otros compañeros un proyecto de intervención socioeducativa con chicos y chicas de apoyo en un instituto, con excelentes resultados tanto a niveles sociales como en su ámbito académico, apostando por desarrollar la creatividad y las capacidades de los destinatarios.

La apuesta de Robinson va en este sentido y promulga incorporar estas nuevas tendencias en la educación formal para mejorar los resultados y la eficacia de los centros educativos.

Interesante es también la observación de Robinson sobre las jerarquías de las materias impartidas donde se observa distinto rigor en la enseñanza de distintas disciplinas de ciencias en detrimento con el arte, aludiendo a motivos económicos y a la premisa de pensar que al trabajar sobre la ciencia se trata sobre hechos empíricos y se piensa en ello como algo superior, dejando en un segundo plano otros planos de desarrollo del individuo.

Actualmente no es así. Científicos que parten de una formación tradicional se ven obligados a llevar a otros planos los problemas a los que se encuentran para resolverlos donde la creatividad es indispensable para avanzar en el conocimiento, claro ejemplo de ello es la física quántica que está revolucionando las ciencias “exactas”; al igual que ocurre con la astrofísica.

Es por todo ello que Robinson cuestiona el concepto y medición de la inteligencia como hasta ahora se conoce y se alinea con Daniel Goleman que apuesta por una inteligencia emocional, más acorde con las necesidades sociales actuales y que propiciará, al potenciarla, una sociedad más evolucionada que con los cánones actuales. En definitiva, y como ya apuntaba en el siglo pasado John Dewey se “aprende haciendo” y las clases magistrales de antaño desaparecen porque no resultan atractivas ni estimulan la motivación por aprender. Las implicaciones son múltiples: cambio de perspectiva docente, cambio del espacio físico, de los medios… supone una revolución educativa que aún no se ha producido y que ya, va tarde.

Saludos.

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